(Anestesia) LA VOZ INMÓVIL (Brutalidad)
Te preguntas que buscamos si nuestros ojos
no encuentran más
que nuestro reflejo prematuro
en cada puerta sellada
por luces y acertijos neuro-intermitentes;
no somos más que
agujeros abriéndose desesperadamente
entre las calles desnudas,
dejando huecos en cada paso,
los intentos son cárceles de lo erróneo,
lo incógnito en la lengua nos arremete
como cadenas fabricadas con olor a vómito y horrores de infancia…
Las líneas no marcan nuestra dirección,
no hay formas que dominen la brutal esencia,
ni siquiera lo que guardas tras los ojos
puede relucir como un gran espasmo cósmico,
entonces, ¿que es lo que hay en el ambiente?.
El peligro apoderándose de la sangre;
tiemblan nuestros poros en la multitud,
cada latido se viste de mentira
cuando nuestros pasos están envueltos en el asfalto…
La adrenalina reencarnándose en una caricia;
es acaso mi piel un medio desmembrado
para canalizar el placer o mi sequedad
se ha llevado la
sensibilidad escondida
dejando sombras en
los rincones del sol.
Mi boca incinerándose por cada palabra llena de humo…
La carcajada movediza nos atrapa,
todo cuanto se ha desintegrado sigue completo;
la luz,
el color,
la voz,
el nauseabundo deseo de crujir en tiempos dilatados.
Has buscado dentro de mi pasado aquella dormida
velocidad,
pero solo están escondidos los cadáveres de mi otro
rostro,
de mi otro cuerpo,
y la conexión
bestial tiembla en sus extremos interminables,
opacidad y demencia,
palpito y desnudes,
se mezcla el frenesí,
la cordura;
mi visión dinámica-inerte penetra la división en el
reflejo…
Ojos, dedos, garras, llanto,
Creo encontrar la dirección de mi silencio, todo lo veo
temblando…
La sigilosa disección me acecha,
soy el segundo tras el duelo,
el corte exacto en la pupila desvaneciéndose,
muero en la divagación,
y el oxigeno me es escaso entre tanto humo sospechoso,
no creo en la caricia,
ni en la burla,
tampoco en los preciosos eclipses
en donde se cruzan
los fuegos,
soy el inmenso fugitivo de la cordura,
el que durmió entre la ropa sucia de mil vírgenes
inacabadas,
soy el espejo y su proyección de esencia y exterminio…
Un escudo cubre cada gota de saliva
que cruza la barrera entre la tierra y el calor,
un delirio se me clava en la mudez
para dejar hablar a los fantasmas del futuro,
los que odiaran a tus hijos
y no sucumbirán ante tantas palabras fosilizadas
en las profundidades del alcohol…
Me pregunto cuánto tiempo estas manos
han cavado su
tumba de polvo y paginas en un blanco tan gris…
No busco más que la locura
y mi camino me guía hacia el vacio,
no hay más,
solo el soplo de los duendes me puede calmar,
y mi quejido cae dentro de mí,
flotando como una luz que amputa parte del letargo
acorralado en la memoria
y la desnudes de pensamientos plasmados en la retina.
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