Nuevo
elemento
Ahora que me siento un espectador/
en las calles de esta tierra/
donde en días disolvía mi
voluntad/
bajo la tibia luz de tu viaje.
M. G.
Tú nombre, el de la flor subterránea, el de los dedos
amputados dentro de tus cavidades; se retuerce adolorido en la lengua, y las
siluetas se disuelven en carcajadas…
Aun la confesión pesa como cascada en medio de la cruz.
(Hoy la frecuencia oculta en el acertijo me cicatriza la
carne y la podredumbre mal alimentada)
Saliva gimiente brota como tinta de mi descompuesta
lengua/ los mil colores de la muerte se han quedado habitando mis
visiones/ divago entre sudor y tempestad
temporalizada/ anuncio paisajes inertes en busca de un silencio inmaterial/ lo opuesto esta al reverso de mi sombra/
donde las nuevas dimensiones telúricas nos guían hacia el hielo íntimo/ y la
fiebre, la santa fiebre de los delirios, la confusión y la perpetuidad
condensándose cerca de las cenizas/ oigo como danzan aun los gusanos que
asfixian los nuevos cadáveres/ me guiare hacia los pantanos divinos de la
majestuosa e indefinida inmortalidad del silencio/ ha caído la lentitud entre
mi respiración acabando con mi andar.
Los dones se expanden sigilosamente por el cuerpo, como
tentáculos frenéticos en la constante búsqueda de la luminosidad física.
(No hay direcciones en el cuerpo)

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