Mi mano se hundió en el cristal;
Allí donde encontré mi otro cuerpo;
El adormecido por mi lento caminar,
Despedazado por mis pestañeos rebanantes
Congelado por los suspiros del hielo;
Mas el rostro seguía intacto:
Los mismos señuelos
fuera de la sonrisa,
Las pupilas como
nubes de vino

Hola Ignacio...recibí tu colaboración, pero busco datos tuyos para anexarlosy no encuentro. ¿Me puedes enviar algo?
ResponderEliminarSaludos!